Aspectos Sociales

LA COHESIÓN SOCIAL EN AMÉRICA LATINA:

FORMAS Y DESFASES ENTRE LO OBJETIVO Y LO SUBJETIVO

 

Por:

Giovanna Valenti Nigrinicv

Nicolás Loza Oterocv

Ulises Flores Llanoscv

edición

Contenido

Introducción

1.     Una aproximación al  concepto de cohesión social

1.1.      El surgimiento del concepto y sus aspectos sociológicos
1.2.      Diversas concepciones de la cohesión social
1.3.      Versiones del concepto; adopción en AL

2.     Los factores objetivos

2.1.      Indicadores económico sociales

3.     Los factores subjetivos

4.     Un índice de cohesión social

Conclusiones

Bibliografía


Introducción

El presente ensayo tiene como objetivo tender un vínculo teórico y empírico entre dos niveles de análisis de la cohesión social: por un lado, los sentimientos de pertenencia social y la confianza intersubjetiva e institucional que experimentan las personas, y por el otro, los niveles objetivos de desigualdad y exclusión sociales, sobre la base de un análisis cross national para una muestra de países latinoamericanos. La cohesión social incluye valoraciones acerca de la confianza y el sentido de pertenencia social, así como la situación objetiva en educación, salud y empleo. El concepto se ha integrado a algunas agendas latinoamericanas y europeas como elemento de análisis alternativo que pretende tender puentes entre las políticas y sus consecuencias. En este trabajo, se elaboró un índice utilizando el análisis de componentes principales, tomando en cuenta variables de la dimensión objetiva del concepto, así como variables de la dimensión subjetiva, en ambos casos con datos de 2007[1].

El trabajo se compone de tres partes: Se inicia revisando la noción de cohesión social contemplados en la literatura. En la segunda parte se describen algunos datos objetivos de los países bajo análisis tales como PIB per capita, tasas de analfabetismo y tasas de mortalidad, entre las más importantes, para situar las diferencias económicas entre cada uno de ellos. De igual forma, en el mismo apartado, se presentan algunos resultados descriptivos para las variables subjetivas que sustentarían el concepto de cohesión social, tales como la percepción de solidaridad y  justicia entre las personas así como la confianza entre las mismas, además de la percepción de cumplimiento de garantías por parte del sistema político – social. En la tercera parte, se presenta el índice con la técnica estadística de componentes principales, con sus dimensiones objetiva y subjetiva, ordenando a los países en función de su cohesión social. Se finaliza el ensayo señalando algunas de las ambigüedades y debilidades del concepto en función de los hallazgos de nuestro análisis entre naciones, con algunas observaciones generales.

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1.      Una aproximación al  concepto de cohesión social.

Mediante el establecimiento de interacciones humanas formales e informales, las sociedades procuran el cemento de la confianza social. En la tradición sociológica de Durkheim, en las sociedades tradicionales o de solidaridad orgánica, la cohesión social descansaba en la forma religiosa de la conciencia colectiva, mientras que en las sociedades modernas o de solidaridad mecánica, el derecho tendería a ser el vértice del Estado, de la conciencia colectiva, la división del trabajo y su articulación en el funcionamiento de la sociedad. Los problemas que resuelven los gobiernos y la sociedad por sí mismos, se han redimensionado en una multiplicidad de variables que implican repensar las relaciones de los individuos con los grupos, los individuos con el gobierno y viceversa, así como entre los individuos.

Los individuos y sus interacciones forman, en su conjunto, un sistema social que pretende lograr la cohesión entre ellos, con el objetivo de satisfacer diversos requerimientos de entendimiento general, propiciar la acción y el beneficio colectivos. El dilema de esta situación es saber ¿Cuáles son los factores de integración que permiten y mantienen un equilibrio objetivo e ínter-subjetivo de los individuos en un sistema social? El concepto de cohesión vincula la comprensión subjetiva del entorno en función de la confianza que puede haber entre los miembros de una sociedad así como los elementos derivados de las políticas institucionales que pudieran favorecer tales contextos vg. las condiciones económicas propicias para ello. La concepción primigenia de tal interacción social, radica en la formación de valores en los individuos con respecto del entorno, que redundarían en la formación de identidad y pertenencia a un grupo y a un conjunto de instituciones más amplio como la comunidad, el municipio, el estado o la región.

En el pensamiento sociológico moderno, se ha conceptualizado al estado como la institución rectora de la vida social y de la relación entre los individuos, encargada de procurar el bienestar de sus integrantes, de poseer los instrumentos institucionales que permiten la vida social de forma más armónica y cuya fórmula se ha basado en la mitigación del conflicto, la atenuación de la escasez y la impartición de justicia. Las acciones generales y la coyuntura reciente han mostrado que los resultados de la actuación estatal son diferenciados; se han sembrado dudas respecto de su efectividad y se ha dado pie a una reflexión importante sobre cuáles son entonces los diseños institucionales adecuados para formular respuestas efectivas para alcanzar el bien común.

Digámoslo un poco de esta forma, el mundo moderno ha sido concebido bajo la idea de que la institución estatal es la orientadora general del bienestar; facilitando los vínculos entre los individuos, los grupos sociales y las sociedades. Al actuar bajo una perspectiva más racional, lo que está en juego es el análisis de los resultados en función de qué tan bueno es vivir, o no, en una sociedad específica, con un estado en particular. En otras palabras, cómo operan y son respetadas las normas de convivencia social que enmarcan las relaciones entre los individuos, bajo la idea de la construcción de condiciones sociales adecuadas, como principio integrador de las sociedades.

Con el paso del tiempo, el funcionamiento de las sociedades está lejos de la idea armónica que planteaban inicialmente los estados liberal-democráticos. La acentuación de las diferencias entre los miembros de las sociedades ha cobrado un tono que cuestiona la estructura general de reglas y acuerdos fundacionales entre los individuos. El punto fundamental es que, en el trayecto, las ideas de integración, equidad, igualdad, bien común, parecen quedar fragmentadas en micro centros dispersos del sistema social. Cada grupo que actúa al interior de un espacio social, produce signos de identidad respecto de su situación, para muchos prevalece la percepción de desigualdad y exclusión, o bien, de que el mundo puede ser justo sólo por excepción.

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1.1.    El surgimiento del concepto y sus aspectos sociológicos

Cohesionar, del latín cohaesum —estar unido— implica la adhesión de las partes con el todo, de tal forma que el todo tenga consistencia interna. En términos sociológicos, éste concepto ha sido utilizado para designar el “apego psicosocial o voluntario de los miembros de una sociedad hacia la estructura de ésta, así como la consistencia y la capacidad de la estructura frente a influencias externas destructivas y alteraciones internas” (Hillmann, 1994). Una sociedad es cohesiva si sus integrantes se mantienen unidos y cuentan con sentido de pertenencia (Hoppenhayn, CEPAL, 2008), lo que puede  parecer demasiado amplio o simplemente sinónimo de identidad. Sin embargo, la singularidad del concepto deriva del funcionamiento de la unidad social en su capacidad para lograr bienestar económico y oportunidades de desarrollo.

Una sociedad no cohesionada, en contraparte, se manifesta en exclusión social, desigualdad extrema e injusticia, visibles en cuestionaes tales como la falta de acceso generalizado a los servicios básicos de salud y educación, o en la falta de empleos dignos, por mencionar algunos. Estados débiles o fallidos, escasos o ineficientes espacios de participación social, obediencia endeble o instituciones públicas carentes de confianza social podrían considerarse también como expresiones de la escasa cohesión social. En esta parte elegimos articula el concepto de cohesión social describiendo las condiciones de salud, educación y empleo, así como las percepciones de integración y la confianza social en diversos países latinoamericanos

El concepto de cohesión social fue utilizado inicialmente en los escritos de Emile Durkheim, como función de la solidaridad entre los individuos en la sociedad. En el pensamiento social clásico, el concepto de cohesión social se planteó de forma abstracta. Así, mientras que en las sociedades muy antiguas llamadas “primitivas” la cohesión dependía de las similitudes entre los individuos y sus actividades, lo que permitía que se compartieran costumbres, tradiciones y creencias, en las sociedades modernas la característica principal es la alta diferenciación, que surge principalmente del trabajo y que requiere de una creciente complementariedad. Ambos elementos son clave para el ordenamiento de las relaciones sociales y entre las principales orientaciones que se derivan de la teoría están el papel central que juega el marco jurídico, que a su vez tiende a la especialización por la diversidad de las funciones y roles que desempeñan los individuos.

A partir de esto, surge también una diversidad de instituciones intermedias a las cuales los individuos pueden recurrir, que son la base de la conformación de valores y del ejercicio de las normas y que con ello, abonan a la cohesión social. En este sentido, la escuela en las sociedades modernas se entiende como un espacio de socialización en la que los individuos aprenden acerca de los diversas normas, costumbres y valores que operan como ordenadores del intercambio social y que en tanto funcionen adecuadamente serán la base de las garantías políticas, sociales y económicas para que los individuos se relacionen entre sí y por tanto prevalezca un sentimiento de solidaridad. Desde esta perspectiva, se entiende que uno de las principales tareas que tiene el Estado en la sociedad es la impartición de justicia y la conformación de políticas que reduzcan la desigualdad. “En las ciencias sociales la idea de la cohesión social está generalmente asociada a la idea de “comunidad”, una unidad social en la que las personas están vinculadas por valores comunes y por una lealtad incondicional, en oposición al homo oeconomicus individualista y calculador de Adam Smith.” (Schwartzman, en: Cotler, 2006). Las aportaciones de autores como Emile Durkheim y Max Weber fueron también en el sentido de plantear que la integración y el manejo del conflicto son también posibles en las sociedades, a través de elementos como las normas, los valores y los sentimientos, estos dos últimos siempre presentes en las relaciones sociales.

La cohesión social puede ser considerada resultado de la integración social. Existen para lograr ello, dos dimensiones clave: la integración cívica y la “densidad” de las redes. La primera se explica a través de la confianza institucional y enrolamiento político. La segunda, puede ser tomada como la multiplicidad de vínculos interpersonales simultáneos más la confianza interpersonal de los individuos. En un reciente escrito sobre cohesión social, Vergolini (2007) plantea la hipótesis de que  ante mayores desigualdades sociales, mayores riesgos de debilitamiento de la cohesión social. La otra hipótesis es que esta diferencia está basada en aspectos tales como la estratificación social de los individuos y el nivel educativo.

La idea principal detrás de estas relaciones explicativas entre la cohesión social y la desigualdad, es que el estado de bienestar es el que cumple mejor su papel regulador entre las “clases sociales” y la desigualdad económica y de esta última con la cohesión social, ya que uno de los objetivos del estado de bienestar es conservar patrones institucionales de justicia social y solidaridad (Vergolini, 2007). En nuestro caso, lo que haremos es analizar la conexión posible entre los resultados macro de indicadores objetivos vinculados a las acciones gubernamentales en materia de políticas públicas y la percepción de los individuos respecto de su contexto social, sin ordenar el análisis respecto de una tipificación de formaciones  estatales.

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1.2.    Diversas concepciones de la cohesión social.

En el sistema canadiense, la cohesión social se entiende como un proceso que ayuda a construir un sentido común de pertenencia hacia una comunidad. En Europa, es entendido como un proceso dirigido a la reducción de desigualdades y a la protección y alejamiento de la exclusión social de los individuos. En síntesis, los dos ejes básicos son: reducción de desigualdades y sentido de pertenencia. En varias reuniones internacionales, como la Cumbre de Copenhague en 1995, la Cumbre del Milenio en 2000, la Cumbre UE – América Latina y el Caribe en 2004 se ha tratado el tema de la lucha contra la pobreza y la mejora de las condiciones económicas. Una de las posturas que ha destacado en los debates es la oposición a las reformas del consenso de Washington, concretamente con la identificación de dos problemas que la liberalización no logró resolver: “la capacidad de los estados para responder a las demandas sociales; y por otro, las desigualdades socioeconómicas, políticas y culturales que caracterizan a las sociedades latinoamericanas.” (Cotler, 2006). Diversos autores han aprovechado ello para vincular esto a la noción de cohesión.

El cuadro 1 muestra algunos de los autores y la identificación de sus percepciones respecto del concepto.

Agrupamos de dos formas la medición de la cohesión social; por un lado datos agregados y por el otro, individuales. Los primeros se asocian a un nivel macro de análisis, a las propiedades del sistema social, observables a través de tasas de desempleo, nivel educativo, desigualdad o participación política, entre otros. En los datos de corte individual, observaremos actitudes y comportamientos ocurridos a nivel micro de las interacciones sociales y se refieren a indicadores vinculados con la percepción o más subjetivos, es decir, de cómo es concebido el papel de las instituciones por los ciudadanos en general, así como de las relaciones de los individuos entre ellos y sus organizaciones.

El concepto de cohesión social puede ser visto como una reinterpretación de la teoría de la diferenciación e integración sociales: el régimen influye en la percepción de los ciudadanos respecto de su lugar en la estructura social, las oportunidades a las que ellos pueden acceder o las limitaciones que, en diversas formas, el estado intenta cubrir. Se espera que las instituciones estatales, a través de las políticas públicas, orienten sus comportamientos conforme a valores asociados con la justicia y solidaridad social (Vergolini, 2007) y que ello tenga un reflejo en la percepción de los individuos.

Para ahondar en la comprensión de la cohesión social podemos concebir la acción de tres sujetos en tres distintos ámbitos. El primer actor es el individuo en la sociedad, el cual concibe las reglas que delimitan su actuación social, el segundo son las instituciones del estado a través de los cuales se ejerce poder sobre los ciudadanos y se regula la vida pública y el tercero son las organizaciones políticas y de la sociedad civil, por las cuales transita la participación colectiva. Estos tres actores se mueven en tres arenas generales de la acción social: el derecho, la economía y la política. De esta forma identificamos cinco acciones que contribuyen a la cohesión social, así como sus correspondientes contrapartes que podrían limitarla.

El sentido de pertenencia consistiría en una valoración subjetiva e individual. Cada persona concebiría en qué grado se encuentra identificado con la comunidad/organización o país donde vive, o bien qué tan lejano se siente. El sentido de inclusión, estaría vinculado con la percepción del esfuerzo que las instituciones hacen por mantener a los individuos como parte de su sistema de beneficios, así como el sentido de identificación hacia la comunidad general donde habita. Si la contraparte es exclusión, el individuo sentiría que no forma parte del sistema de políticas que se instrumentan para su bienestar y el de su comunidad, debido a la inexistencia o insuficiencia de las políticas públicas en la materia, que el Estado no mantiene vínculos comunicativos que incluyan a las personas o bien, que éstos no son efectivos. Los individuos en condiciones de pobreza estarían comprendidos en el conjunto excluido. La participación, por su parte, implica la efectividad en el ejercicio de los derechos políticos El reconocimiento supone la aceptación del marco legal de la comunidad en cuestión, por un lado, y por el otro la aceptación de las obligaciones así como la capacidad de asumir responsabilidades dentro del espacio público. Por último, la legitimidad de las instituciones públicas se vincula a la constitución y ejercicio de la autoridad conforme a derecho y al respaldo social mayoritario.

El concepto de cohesión social que implica las dimensiones y actores anteriormente expuestos, descansa en una idea amplia del espacio público. El todo coherente y ordenado de lo social, es un conjunto complejo de factores objetivos y subjetivos que ordenaremos en función de datos agregados a nivel nacional. Diversos autores han manejado indicadores ya sea de percepciones ciudadanas en temas como seguridad, confianza en las instituciones, participación política y social así como indicadores de las desigualdades sociales, pobreza y extrema pobreza, entre otros.

Pero el término de cohesión implica también la consideración de las identidades, los valores de unidad, solidaridad social y el cuidado del espacio público. En un lenguaje de políticas públicas, implica combatir pobreza, desigualdad y exclusión social en educación, salud y empleo, así como eliminar la discriminación y la desigualdad extrema. En el siguiente apartado analizaremos algunos elementos que han sido sugeridos para analizar el tema en América Latina.

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1.3.    Versiones del concepto; adopción en AL

La cohesión, parece ser hasta aquí, una especie de conglomerado de diversas problemáticas sociales, ancladas de forma objetiva en los resultados de políticas y ponderadas subjetivamente por los individuos, de factores que ligan o desligan a los integrantes de una sociedad, que promueven o interfieren la confianza en las instituciones y facilitan o no la interacción social. Pero que la cohesión social abarque sistemas de integración formal e informal, lo deja en un espectro muy amplio de alcance analítico, muchas veces difuso o difícil de integrar en un todo consistente.

El concepto ha sido tratado desde diversas perspectivas. En un documento de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) denominado Cohesión social: inclusión y sentido de pertenencia en América Latina y el Caribe, se señalan las metodologías y acuerdos que en la Unión Europea han servido para desarrollarlo. Desde una perspectiva más técnica se puede entender por cohesión social al “conjunto de externalidades positivas que generan el capital social más la suma de factores que fomentan el equilibrio en la distribución de oportunidades entre los individuos. No se limita a la disponibilidad de capital social, como tampoco se limita solamente a cuestiones de desigualdad y exclusión” (Gómez – Sabaini, 2006). Es más bien la sumatoria de los factores objetivos derivados de las políticas y su correspondencia con la formación de ambientes generalizados de unidad social.

En marzo de 2003, durante la reunión ministerial entre la UE y el Grupo de Río en Vouliagmeni, Grecia, surge el concepto explícito de cohesión social. La Comisión Europea, en línea con su estrategia regional, propuso en aquel momento que la cohesión social fuera un tema central de la agenda biregional y que se incorporara como un elemento principal en la siguiente cumbre. (Feres; Sanahuja, en: Cotler, 2006: 47).

Sin embargo, en diversos foros y otros organismos el concepto ha sido abordado en ramificaciones más extensas. Por una parte y como hemos mencionado, el concepto cobra auge en la Unión Europea como cuestionamiento al modelo social europeo, en búsqueda de mejores formas de socialización ante los procesos de migración en los países. Por otra parte, también se usa como elemento de análisis de las relaciones sociales y como parte importante de los objetivos de las políticas públicas. A continuación reiteramos diversos elementos analíticos del concepto.

Con lo anterior observamos que se trata de un concepto multidimensional, que identifica factores asociados a la identidad, unidad, comunidad y bienestar social de los individuos, así como las formas en que se diseñan mecanismos de solución o disminución de las diferencias sociales: “la cohesión social es un concepto que intenta comparar el grado de desigualdad económica y social entre las naciones; en la medida en que se identifican las medidas de desigualdad entre países y que plantea un modelo solidario que genere cohesión entre los países miembros de una región y sus habitantes” (Machinea, 2005). Se le puede llamar cohesión a la contribución hecha (por añadidura o sustracción) de individuos dentro de un grupo, unidos por diversas conexiones (Joseph, 2002). En este sentido, la cohesión social como ha sido vista en diversos ensayos, implica la aceptación de una moralidad, orientaciones normativas comunes que producen un intercambio comunicativo ya sea a través de instituciones formales o informales.

El concepto ha sido usado también para entender las relaciones internacionales y en específico, los dilemas de las identidades supra-nacionales y el trato interregional, pues se esperaría que la confianza, los acuerdos y beneficios que se generan en polos de desarrollo, potencien las posibilidades de tener mercados y políticas comunes.

Como hemos venido observando, la cohesión social es una amalgama de variables que intenta describir el complejo escenario en que ocurren la acción individual, colectiva y gubernamental en un sistema social: “si una sociedad está profundamente dividida entre sectores ricos y pobres, personas educadas y analfabetas, regiones pobres y ricas como ocurre en la mayoría de los países de América Latina, su tejido social estará bajo permanente amenaza. En este sentido, las políticas sociales para reducir la pobreza e incrementar la equidad social, son políticas que ayudan a mantener y fortalecer la cohesión social” (Schwartzman, en: Cotler, 2006). Y esta complejidad probablemente se asocie a la multiplicidad de sentidos que se le ha asignado, que concomitantemente, se traduce también en distintas operacionalizaciones. Algunos de los indicadores que se usan regularmente para medir los diversos conceptos de cohesión social, son:

La cohesión, entendida en un contexto como el actual, podría implicar también el análisis y estudio de las necesidades básicas que se satisfacen entre los miembros de un grupo, así como el costo de hacerlo, involucrando entonces las formas de recaudación de impuestos, las bases gravables y las maneras de la re-distribución de los recursos públicos.

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2.      Los factores objetivos.

En este apartado describiremos las variables que utilizamos en nuestro análisis de cohesión social en América Latina en 2007,[2] mismas que más adelante asociamos con las dimensiones subjetivas de la cohesión social.[3]

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2.1.    Indicadores económico sociales

En términos económicos, Latinoamérica se ha caracterizado por mantener una muy desigual distribución del ingreso y la riqueza, y ni las políticas anteriores ni posteriores al llamado Consenso de Washington revirtieron  la situación: Además, “un alto grado de concentración del ingreso no sólo es una consecuencia de las desigualdades de acceso al patrimonio y a los activos (tierra, capital físico y social, educación, etc.) sino que también perpetúa esas desigualdades” (CEPAL, 2007). Por eso, que la desigualdad en la distribución del ingreso en la región haya pasado de un índice promedio de 52.3 en 1997 a 51.6 en 2007, es poco satisfactorio y todavía más si se considera que se trató de una década de crecimiento económico.

Los niveles de desigualdad disminuyeron en las economías más grandes de la región, como Argentina, Brasil, Chile y México, destacando Venezuela en donde la reducción fue de cinco puntos. Por el contrario, en Colombia, Honduras y República Dominicana la desigualdad aumentó, mientras que Bolivia y Costa Rica no experimentó cambios, aunque el primero de estos dos países tenga muy alta desigualdad (58.19 en 2007) y Costa Rica una relativamente baja (47.2 puntos para el mismo año).

Un indicador muy asociado a la desigualdad y la pobreza es el de mortalidad infantil, que informa el número de niños que mueren antes de cumplir un año por cada mil nacidos. En 2009, el promedio de la región es de 21.8; por arriba de esta cifra destaca Bolivia con 45.6, muy por encima de los países que le secundan, que son Paraguay con 32, Guatemala con 30.1, República Dominicana con 29.6 y Honduras con 27.8. Cerca de la media, aunque por arriba, está Brasil con 23.6, y por debajo figuran Chile, Costa Rica y Uruguay con 7.2, 9.9 y 13.1, respectivamente. México al igual que Venezuela rondan los 17 niños muertos por cada mil nacidos.

En cuanto al analfabetismo, el primer sitio en 2007 lo ocupó Nicaragua con 31.9 de la población de 12 años y más que no sabe leer ni escribir, seguida de Guatemala y Honduras con 28.2 y 22 por ciento respectivamente, mientras el promedio de América Latina fue de 11.3 por ciento. Entre los países con menores tasas de analfabetas se encuentran Argentina, Chile, Costa Rica y Uruguay con tasas menores al 5 por ciento.

Para 2007, el PIB per cápita a dólares corrientes de los países de la región fue de 8,000 dólares. Argentina, Costa Rica, Chile, Uruguay y Venezuela, superaron, sin embargo, los diez mil dólares, en tanto que México acusó el registro más alto. Por su parte, Nicaragua, Honduras, Guatemala, Bolivia y Paraguay se situaron entre los países más pobres de la región con cantidades menores a los 5,000 dólares.

El promedio de desempleo en 2007 en América Latina fue de 8 por ciento, cifra que casi se duplicó en Perú con 15,6 por ciento, seguido de Colombia con 11,4 por ciento, en tanto que los países con menores tasas de desempleo abierto para población mayor a 15 años fueron Guatemala, Honduras y Costa Rica.

En la región, el promedio de gasto social por país como proporción del PIB fue de 12.6 por ciento; las cifras más altas fueron las de Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Costa Rica, Uruguay y Venezuela, en tanto que las más bajas fueron las de El Salvador, Ecuador y Guatemala.

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3.      Los factores subjetivos

Para nuestro análisis de la dimensión subjetiva utilizamos la encuesta Latinobarómetro de 2007. Los reactivos que exploramos se relacionan con satisfacción, bienestar, integración confianza y solidaridad sociales; no todas las preguntas tienen las mismas categorías de respuesta: por ejemplo, para medir la confianza en el gobierno el entrevistado tiene las opciones de mucha, algo, poco y nada; mientras que otras preguntas presentan escalas de 0 a 10. En general, para construir nuestros indicadores utilizamos las categorías de respuesta positiva, que según fuera el caso muestran sólo los porcentajes que eligieron la categoría mucha, o bien, los tres valores más altos de la escala.

Puestos a juzgar si la conducta de la gente es justa en general o simplemente ventajosa, poco más de una décima parte de los latinoamericanos consideraría que es justa. En Brasil, Costa Rica, Honduras, México, Nicaragua, República Dominicana y Venezuela este segmento de la población es todavía más numeroso, pues quienes piensan así son entre 15 y 25 por ciento de los entrevistados, en tanto que en Chile, El Salvador, Guatemala y Paraguay, sólo alrededor de cinco por ciento piensa que la gente es justa.

Esta pregunta intenta indagar respecto del grado de individualismo que la gente percibe de los demás. Esto se vincula de manera adecuada con nuestro análisis de cohesión social, de tal forma que las sociedades con una perspectiva más solidaria, es decir menos individualista, incrementen su probabilidad de ser sociedades más cohesivas. De esta forma tenemos que el grupo de países que muestran los porcentajes más altos con la opinión de que la gente no es individualista se encuentran Costa Rica, Honduras, México, Nicaragua, República Dominicana, Uruguay y Venezuela. Por el contrario, en Chile, Ecuador, El Salvador y Perú, es mucho menor, apenas cercano al 5 por ciento del total, el número de personas que califican de solidarios a sus pares. ¿Qué nos informa esta percepción? En principio, que la mayoría de los latinoamericanos considera que las conductas de las demás personas, no son principalmente solidarias sino individualistas, lo que nos recuerda que para distintas tradiciones del pensamiento sociológico y la ciencia social en general, el individualismo no necesariamente impide ni pervierte la cohesión sociales, sino que simplemente produce un tipo particular de articulación e identidades sociales.

Veamos ahora el estado de la confianza institucional, caso en que el promedio de quienes confían mucho en su gobierno suma apenas 11,7 por ciento en América Latina. En Venezuela es donde más gente, 36,4 por ciento, expresó ese nivel de confianza, seguido de Uruguay y Bolivia con 20,8 y 18,7 por ciento respectivamente. Sin embargo, la mayoría de los países se ubican por debajo del promedio regional. Los gobiernos que más suspicacia generan entre sus ciudadanos son los de Perú, Paraguay, Guatemala y México.

Veamos ahora nuestro Índice de percepción de las garantías sociales que suma las proporciones de individuos que consideran que en su país están completamente garantizados los derechos a la igualdad entre hombres y mujeres, a la igualdad de oportunidades a ser protegidos contra el crimen, a la seguridad social, a la solidaridad con los pobres y los necesitados y a tener acceso a las oportunidades de trabajo. Destaca, en principio, que son Nicaragua y Venezuela, un país próspero y otro no tanto en la región, quienes alcanzan valores más altos, en tanto que Perú y Argentina, una vez más un país próspero y otro no tanto en América Latina, son quienes tienen más bajos valores.

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4.      Un índice de cohesión social

Ahora, mostraremos nuestro índice de cohesión social, con en el que nos propusimos asociar las dimensiones objetiva y subjetiva de la categoría. La idea fue contar con un indicador que derivara de probar los niveles de asociación entre las dos dimensiones anteriormente descritas. Para la elaboración del índice utilizamos la técnica de componentes principales (ACP), que reduce datos identificando grupos homogéneos entre los mismos: “su propósito ultimo consiste en buscar el número mínimo de dimensiones capaces de explicar el máximo de información contenida en los datos” (Pardo; Ruiz, 2002).

De esta forma, esperaríamos que los indicadores expuestos anteriormente convergieran en encontrar el menor número de dimensiones posibles, de tal forma que esa dimensión (o dimensiones) sean capaces de capaces de incluir las asociaciones teóricas atribuidas al concepto de cohesión social explicadas en el primer apartado de este ensayo. En este sentido, conectando las dimensiones objetiva y subjetiva esperaríamos que en las naciones con mejores condiciones económicas y sociales pudiese existir un reflejo de mayor seguridad subjetiva y sentido de pertenencia al sistema social y que por lo tanto en países donde existen condiciones de mayor precariedad económico – social, correspondiese con una percepción negativa de nuestros indicadores subjetivos.

Las variables de la dimensión objetiva que finalmente expresan una misma dimensión fueron el PIB per capita, las tasas de mortalidad infantil y analfabetismo y el coeficiente de Gini. En la dimensión subjetiva, se agruparon la percepción de que la gente es solidaria, el índice de garantías y libertades, la percepción de que la gente es justa y la confianza en el gobierno. Los resultados del índice de componentes principales[4] fueron los siguientes:

De esta forma encontramos que la proporción de varianza total explicada por los dos primeros componentes extraídos  de nuestro índice es 75.5%. De hecho, los factores objetivos y subjetivos se agrupan en dos dimensiones distintas, con un valor de 0.61 en nuestra medida Kaiser-Meyer-Olkin (KMO) Veamos ahora la matriz de componentes rotados.

En el cuadro anterior observamos dos dimensiones para el análisis de la cohesión social. La matriz indica que las variables que mejor explican la dimensión subjetiva son la percepción de solidaridad de la gente y el índice de libertades y garantías, mientras que la dimensión objetiva es mejor explicada por el PIB per capita y la tasa de mortalidad infantil. Cabe señalar que el PIB per capita tiene signo negativo porque que la medición va en sentido contrario al de los indicadores objetivos. Entre las variables con menos contribuyen a la explicación están la confianza en el gobierno y el índice de Gini en sus respectivas dimensiones. El dendograma siguiente muestra la agrupación de los países más similares de acuerdo a sus valores en los índices objetivo y subjetivo.

Imagen1

Desde aquí se comienza a apreciar la formación de grupos más similares de países. Se pueden observar seis: el primero formado por Costa Rica, México y Uruguay, el siguiente por Chile y Argentina, un tercero formado por Guatemala y Bolivia, otro conformado por Colombia, Brasil, El Salvador, Ecuador, Perú y Paraguay, otro por Honduras, República Dominicana y Nicaragua y finalmente uno conformado únicamente por Venezuela. El caso de Venezuela resalta por que se separa de los demás al incluirse en el último lugar de las iteraciones. Estas agrupaciones nos permiten formar conglomerados y asociar la pertenencia de los miembros del grupo a los valores en los índices objetivo y subjetivo como se muestra a continuación.


En el eje de las X’s aparecen los valores de nuestro índice objetivo, en tanto que en el de las Y’s los de nuestro índice subjetivo. Con base en los valores que cada país obtuvo en estos índices, se formaron seis grupos de países con características similares. Cabe señalar que existen algunos casos que podrían no ser tan claros para el análisis como Venezuela, que de hecho podría considerarse un caso atípico dado que muestra resultados que sobresalen del resto y se queda sólo, formando un conglomerado de un solo país. Debemos recordar que la posición dentro del plano cartesiano es resultante de una combinación de ambas dimensiones basadas en las fuentes usadas para nuestro análisis. A continuación se describen las características que pueden ser corroboradas por los datos descriptivos del apartado anterior.

Podemos inferir que el hecho de que la formación de dos dimensiones en el ACP es reflejo de que en este caso, la reducción dimensional de los datos no es posible para conformar un solo sentido en los mismos, es decir que ambas dimensiones, objetiva y subjetiva, poseen sentidos distintos. Ello se refleja en que los países poseen comportamientos diferenciados, en donde los pesos de alguna dimensión en particular influyen más que la otra.

Por otro lado, en el sentido de la cohesión social, si retomamos nuestra idea respecto de una relación entre mejores condiciones económico – sociales y mejor percepción de las relaciones intersubjetivas entre los individuos, sobre la base de una influencia de las instituciones gubernamentales para que ocurra tal efecto, encontraríamos que sólo para cuatro países parece cumplirse esta relación, aunque el caso de Venezuela podría explicarse por la situación socio política que vive, que aumenta la incertidumbre de la información en el levantamiento de encuestas y de la fidelidad de los datos publicados por las instituciones oficiales.

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Conclusiones

Recapitulando. En la tradición sociológica, el concepto de cohesión social incluyó a las formas de la solidaridad social como mecanismos de integración. La cohesión social no sólo aparecía como un atributo objetivo de las sociedades sino como un estado multidimensional con fuertes ingredientes subjetivos, que sin brindarnos un modelo desarrollista de la cohesión (más – menos) reconocía la existencia de distintos tipos de cohesión social.

En la investigación contemporánea, ha tendido a imponerse una perspectiva normativa de la cohesión social que reúne atributos deseables de la vida social susceptibles de someterse a una revisión desarrollista. Así, hay sociedades más y menos cohesionadas, lo que dicho de otro modo significa sociedades más y menos prósperas y satisfactorias para sus integrantes. En este trabajo, teniendo en mente la idea clásica de la cohesión social, hemos tratado de ofrecer una medición de ésta que nos plantea las paradojas entre desarrollo y tipos de desarrollo, o con más precisión, entre niveles y tipos de cohesión social.

Sophie Bessis (1995) comenta que algunos elementos de la llamada “crisis global” pueden ser entendidos en un sentido más social que económico, expresado en la profundización de las inequidades entre las regiones y el deterioro de la calidad de vida de los excluidos, lo que quizás haya impulsado opciones de desarrollo individual no convencionales como los mercados informales y la migración.

Organismos internacionales como la Comisión Económica Para América Latina y el Caribe (CEPAL) han creado espacios de discusión de la temática de cohesión social y la han puesto en la agenda de la cooperación internacional de los países, influenciados por organismos europeos. En esos espacios de reflexión se han elaborado propuestas para vincular acciones de política con elementos de la perspectiva de cohesión social. En general, la concepción de cohesión social planteada por organismos como la CEPAL es errada, dado que no parecería haber elementos de relación directa entre estas dimensiones. El cuadro 11 resume algunas de las propuestas para las políticas con un sentido de cohesión social de acuerdo a la CEPAL.

En términos generales, la cohesión social parece ser un concepto difícil de enmarcar en términos de la combinación de ambas dimensiones, de percepción y de estabilidad socio económica. Si se tratara de definir “políticas” relacionadas con los elementos que prescribe, se encontraría probablemente una relación difícil de precisar dado que los elementos de cohesión parecen mostrar una paradoja en el comportamiento de sus dimensiones constitutivas. Una posible explicación a las paradojas de la cohesión social pueda tal vez encontrarse en la forma en la que las instituciones políticas mantienen una relación con los ciudadanos, en términos más de comunicación y control y no tanto en correspondencia con los indicadores de corte más objetivo.

Podemos añadir que la forma en la que se ha trabajado el concepto de cohesión social es muy general, el cual agrupa diversas dimensiones de análisis social que deben ser más trabajadas para lograr una mejor capacidad explicativa. Lo que se ha hecho hasta ahora es utilizar el concepto general y bajarlo a variables empíricas alrededor de resultados a niveles nacionales de indicadores económico – sociales, así como la confianza intersubjetiva e institucional. Se buscó encontrar también en las sociedades el sentido de responsabilidad y cívico. Lo anterior implica que ante una diversidad de variables, deben formularse conceptos que le den mayor precisión y fortaleza explicativa a las variables y dimensiones observadas. La diversidad de temas y sobre todo de problemáticas constituye un reto para la sociología latinoamericana y también para la formulación de políticas públicas y los sistemas políticos que las ejecutan.

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Los autores agradecen a Marisol Luna el apoyo técnico para la realización de éste trabajo.

[1] Dada la falta de información respecto de algunos países para el año considerado, se tomaron datos del año 2006. Dado esto, se asumirá que los datos no tienen una variación relevante para el objetivo del análisis. Los datos de la dimensión subjetiva fueron tomados de la encuesta Latinobarómetro 2007.

[2] Sólo para el caso del coeficiente de Gini, con el cual iniciamos, establecemos un comparativo a diez años de diferencia.

[3] En el análisis de componentes principales que realizaremos más adelante, se hicieron pruebas con todas las variables mencionadas, sin embargo no todas resultaron útiles para los fines del análisis En este apartado, sólo describimos los indicadores que tuvieron algún efecto significativo en la conformación de nuestro índice de cohesión social, así como algunos otros de los que esperábamos un comportamiento distinto al que tuvieron.

[4] *Para realizar los análisis que se presentan utilizamos el programa SPSS v. 17

 

 

 

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